Después años creando desde un pequeño taller en España,
EYA ERO ha hecho una pausa.
No porque no funcionara.
Sino porque crecer siendo autónoma
a veces significa caminar sobre una cuerda floja
y sostener mucho más de lo que se ve.
Aunque factures, no siempre puedes vivir de tu negocio.
Y aun así, siempre quise seguir.
Porque EYA ERO nunca fue solo una marca de bolsos y joyas.
Fue una forma de decir que se puede crear con alma.
Que se puede hacer moda sin correr.
Que se puede llevar naturaleza, identidad y verdad colgadas del hombro.
Que puedes expresar tu verdadera naturaleza
con una pieza que cuente tu historia.
Estas últimas semanas he vivido lo que durante años solo imaginaba:
El taller lleno de pedidos.
Cajas saliendo cada día para quienes eligieron llevarse parte de esta historia.
Bolsos viajando hacia mujeres increíbles que entendieron lo que había detrás.
Fue intenso, real y muy bonito.
Porque sentí apoyo.
Sentí comunidad.
Sentí que no estaba sola.
Pero para que algo siga vivo,
a veces hay que parar.
Soy de creer en las energías.
En que las cosas pasan como tienen que pasar.
Y quizá este parón no sea un final,
sino el impulso que necesito para escalar el siguiente risco de la montaña.
Ahora toca parar.
Analizar. Replantear.
No sé cuándo volveré a abrir esta web.
No sé qué forma tendrá EYA ERO si vuelve.
Lo que sí sé es que, si vuelve,
será desde un lugar más consciente,
más fuerte
y más alineado con lo que siempre quiso ser.
Seguiré compartiendo contigo por email y por Instagram cómo evoluciona todo este proceso.
Si esta historia te tocó en algún momento…
Si sentiste que EYA ERO también hablaba un poco de ti…
Si quieres saber si esa puerta vuelve a abrirse algún día…
Déjame tu email.
Te escribiré cuando haya claridad.
Cuando haya nueva energía.
Cuando el siguiente capítulo esté listo.
Un abrazo, Tamara.






































